El constante incremento del comercio marítimo a través de las rutas de navegación, ejercicios militares submarinos, tareas de exploración y la actividad industrial desarrollada en las cercanías de la costa, acompañadas de la falta de una regulación que permita medir y determinar la influencia de los ruidos emanados por los buques y artefactos navales en la vida marina, ocasionan daños irreversibles al ecosistema submarino (Merchant, Pirotta, Barton, Thompson, 2014). Mamíferos marinos, peces y en general todo el ecosistema submarino se ha visto afectado por el constante aumento del ruido producto de las actividades antropogénicas en el océano. Esto ha generado un impacto grave en su comportamiento, capacidad de alimentarse, cambios en sus hábitos reproductivos, trastornos y daños a sus sistemas de ecolocalización y orientación. (M. André et al, 2011). En los casos más graves puede producir la muerte del individuo por daño traumático en sus cavidades nasales y auditivas (Rako-Gospić, Picciulin, 2019).

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